sábado, 8 de mayo de 2010

NO SÉ NADA

Recientemente se publicó en "Milenio" una caricatura que decía que los políticos estaban muy interesados en la filosofía griega, particularmente en Sócrates por aquello de que "yo sólo sé que no sé nada", lo cual me resultó divertido puesto que el sentido, no creo que haya sido aquél en el que se produjo sino el de la ignorancia total sobre cualquier tema. Yo, tampoco, concluyo sé nada (aunque espero que no en estos últimos términos, sino en el de que entre más aprendo menos sé). Hoy volví a ver la película ¿Y tú qué sabes? estrenada en 2004 y dirigida por tres integrantes de la Escuela Ramtha de la iluminación (información de Wikipedia) en la que diversos especialistas exponen sus conocimientos en torno a la influencia que nuestros pensamientos ejercen en nuestras actitudes, cómo procesa el cerebro esos datos y los transmite a las células y la manera en qué estas reaccionan, cómo observamos nuestro enterno y condiciona nuestra realidad (que en las primeras clases concluímos se daba por consenso), la física y mecánica cuántica, etc. Después de este bombardeo de opiniones realizadas, de manera simultánea, por los conocedores y animadas, en más de una ocasión,con gráficas de computadora mi cerebro empezó a angustiarse con la certeza de que era imposible procesar tantos datos. Sin embargo, después de una hora cambió la temática y se empezó a hablar en un tono que me pareció como de un curso de autoayuda, que me recordó de inmediato a "El secreto", y a decirnos lo maravilloso que somos todos y que somos lo que pensamos, hasta el extremo de señalarnos a través de una exposición de gotas de agua cómo las emociones tanto positivas como negativas alteran nuestro comportamiento. Estoy convencida que todas nuestras vivencias alteran nuestro organismo y que los pensamientos positivos son mejor que los negativos. Tambén sé que las enfermedades que tenemos son consuencia de desórdenes internos que se manifiestan, a fin de que analicemos nuestras vidas y busquemos el remedio adecuado. En este sentido, en lugar de tratar de eliminar la enfermedad debemos aprender de ella porque nos está alertando sobre algo que no está funcionando correctamente. Esto último lo descubrí al leer el libro intitulado "La Enfermedad como camino" de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke al que pueden tener acceso gratis por internet, cuya lectura recomiendo ampliamente porque es muy ilustrativo.

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