Uno de los temas que a los abogados nos genera gran inquietud es el relativo a la certeza jurídica, la cual creo que, de manera inconsciente, trasladamos a todas las facetas de nuestra vida. Lo anterior lo sostengo debido a que en días pasados como fue del conocimiento público "lluvias atípicas" se precipitaron sobre el Valle de México, originando sobrecargas en la red del drenaje, ocasionando inundaciones en varias Delegaciones Políticas de esta Ciudad y algunos municipios del Estado de México. Debido a lo anterior, (no sé si sea de su conocimiento, yo trabajo en el Gobierno del Distrito Federal) mis compañeros y yo fuimos amablemente convocados (el viernes a las 20:00 cuando estas listo para huir y disfrutar tu fin de semana) a presentarnos a las 7:30 hrs del día siguiente a una zona que momentos antes se había declarado zona de desastre : La colonia "El Arenal". Nuestra primera reacción fue de incredulidad, de asombro y sobre todo de duda respecto a que podía hacer un grupo de abogados totalmente ignorantes de las acciones de protección civil en un lugar que se antojaba tremendamente peligroso debido a que en sus inmediaciones (según se hizo público en ese momento) habitaban muchos delincuentes y que además se encontraba inundado. Al cuestionar que se suponía que ibamos a hacer, sólo se nos indicó: ayudar a las personas, recatarlas, llevar alimentos, etc. acotando: lleven botas por si tenemos que meternos al agua (negras, por supuesto) y no se vistan de manera ostentosa porque ya conocen la fama del lugar.
Con esa angustia y temor ante lo desconocido acordamos, todos los voluntarios, reunirnos al día siguiente a las 7:00 en la estación del metro más cercano (Zaragoza) para llegar juntos y protegernos de cualquier ataque que parecía inminente.
Una vez que llegamos al lugar de reunión nos enteramos que no había transporte y las combis que usualmente llegaban allá nos dejarían a varias calles de la colonia y los taxis, ni pensarlo. Al no existir más alternativa, abordamos una combi e iniciamos nuestra aventura. El sitio adonde fuimos convocados (CONALEP) se había habilitado como depósito de toda la ayuda que había que distribuir: agua, fruta, leche, cobijas, gel antibacterial, pan tostado, etc. Todo lo que había que hacer ahora era esperar nuestro turno. Quiero expresar que hasta este momento no teníamos la más mínima idea de lo que se esperaba que hiciéramos, cómo lo haríamos, cuánto tiempo invertiríamos, lo que definitivamente generaba, mucha inquietud, considerando además que era sábado. Por otra parte, deseo expresar que realmente olía mal. Por fin llegó nuestro turno. Así que abordamos un camión de redilas (al día siguiente fue como de la basura) y nos trasladamos a la zona 2 que nos había sido asignada (se dividió la colonia en atención al nivel de agua que se había estancado). En el lugar encontramos a otros camiones, a la policía, ejército,médicos, trailers que informaban sobre las clases, creo que también extedían constancias para los que no podían ir a trabajar. El lugar que nos tocó, por supuesto, que impedía a las pocas personas que aún se encontraban salir a buscar alimentos así que nos dimos a la tarea de repartir lo que llevabamos y solidarizarnos un poco con su desgracia, con lo que nuestra perspectiva cambió completamente.
No quiero extenderme en más detalles, sólo quiero indicar que nuestra participación en el sitio se realizó también el domingo siguiente, algunos otros días de la semana (cuando los niveles del agua habían descendido para levantar censos sobre los daños ocasionados y canalizar los resultados a las autoridades correspondientes para su debida atención), y de manera alternada para entregar más ayuda y cheques de parte de la aseguradora que contrató el gobierno, delegación y el instituto nacional de la vivienda. En fin, que el mes de febrero fue de intensa actividad tanto por la labor realizada en la oficina como en el referido lugar, y que a pesar de todos los sinsabores que se experimentaron en el proceso creo que nuestra labor, aunque mínima, al final resultó importante y satisfactoria para todos los que colaboramos, aunque de manera no voluntaria. Tema este último que me condujo a los siguientes cuestionamientos: ¿porqué es tan difícil generar programas de trabajo que permitan la optimización tanto de los recursos humanos como materiales? ¿porqué ante la solicitud de ayuda reaccionamos de manera airada e inconforme? ¿será porqué lo sentimos como un abuso de parte de nuestras autoridades? ¿porqué a estas últimas les resulta complejo dar explicaciones sencillas y en cambio, actúan de forma oscura? ¿nuestras autoridades están trabajando, realmente, por el bien de esta Ciudad de México? Creo que me podría extender, indefinidamente, tanto en estos cuestionamientos como en nuestras experiencias y anécdotas pero hay más comentarios que escribir y tristemente poco tiempo. Espero sirva para algún tipo de reflexión.
lunes, 1 de marzo de 2010
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