lunes, 1 de marzo de 2010

TOTEM CANADIENSE

Antes que nada, debo manifestar que no tenía la menor idea de que tuvieramos un tótem en esta Ciudad. De no haber sido por la tarea que nos encomendó el profesor debo confesar, que a pesar de que he asistido en múltiples ocasiones al Bosque de Chapultepec, nunca me percaté de tal monumento. Así que, para cumplir con la encomienda, procedí a investigar en google dónde se encontraba con exactitud el mismo y cómo es de esperarse se desplegó toda la información necesaria. De esta manera, me percaté, una vez más, de la ignorancia que tengo respecto de cuestiones importantes del lugar en el que vivo. Con los datos relativos al lugar exacto dónde se encuentra el tótem y la manera más fácil de acceder, programé mi visita para la tarde del sábado 27 de febrero de 2010. Llegada la citada fecha, me trasladé al referido lugar y una vez que los guardias del Bosque me dieron indicaciones precisas para su localización me apersoné ante tan magnífico trabajo realizado por el hombre. En la placa alusiva me enteré que se trata de un obsequio del gobierno canadiense al nuestro con motivo del 150 aniversario de nuestra independencia, que data del año de 1960. Es un trabajo artesanal monumental en donde se encuentran fíguras de diversos animales, tales como un cástor, un águila, una ballena (la cual no pude distinguir). El tótem se encuentra trabajado, de manera perfecta, en colores blanco, azul y rojo y parte de una base ancha que va adelgazando progresivamente hasta terminar en punta. No sé que significado tenga para los aborígenes canadienses que creo lo elaboraron, según la referencia que se indica en la placa que se encuentra a un lado del mismo. El tótem se encuentra protegido por una cerca de metal. Me pareció haber visto en su base algunas inscripciones que no parecían propias del mismo sino producto del vandalismo. No imagino que hubiera pasado con él si no contara con dicha protección. Cuando terminé de observar el tótem por todos lados y una vez cumplida la tarea encomendada aproveché, ya que estaba ahí, a dar una vuelta por los alrededores, los cuales para mi satisfacción personal resultaron muy atractivos, limpios y llenos de vitalidad. Pude disfrutar de la fuente de las ranas y di un paseo por el Zoológico (el que no había visitado desde su remodelación) en el cual sentí un poco de desencanto dada la condición en la que se encuentran los animales, los cuales desde mi punto de vista se ven tristes, descuidados y flacos. No obstante ello, los niños parecen disfrutar mucho del paseo en compañía de sus padres. Algo que llamó mi atención fue la venta de cinturones de seguridad, los cuales dado los materiales en que están fabricados y su tamaño, no me pareció que fueran adecuados para la finalidad a la que estaban destinados, hasta que me percaté que los mismos se ponen a los niños para que no se pierdan o no se los roben (la delincuencia es incontrolable). Posteriormente, me dirigí a Balderas a un puesto donde venden películas (cuyo propietario se encarga de conseguir los titulos que uno necesita) para adquirir las que nos sugirió el maestro que vieramos. Obtuve todas, menos La Aldea, que buscaré con otros vendedores. De ahi fui a casa y me dispuse a ver las películas a las que me referiré más adelante. Por otra parte, no quiero desaprovechar la oportunidad de tener nuevas actividades que nos brinda el estar cursando esta materia con el profesor Federico. ¡Hasta luego!

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