domingo, 21 de marzo de 2010

DECESO

Aun cuando en otro blog me he referido al presente tema, he de decir que por fin llegó el momento esperado, pero no por ello menos temido. La vida de mi abuelo que había superado todos los pronósticos llegó a su fin el pasado jueves en la noche. Lo velamos y enterramos el sábado. Acudió al último lugar donde reposarán sus restos elegantemente vestido y perfectamente maquillado. (No recuerdo donde leí o escuché que la ropa con la que pasamos a la eternidad es la que llevabamos puesta al momento de perder la vida no aquella con la que luego nos entierran) A pesar de su edad conservó un semblante casi terso. Fue un hombre a quien la muerte le ganó por sus años y no por alguna enfermedad. Durante todo su tránsito por este mundo no le conocimos ningún achaque o queja por algún dolor. LLevó una vida sana. Tampoco tuvo grandes pretensiones intelectuales. Tal vez ninguna. Me parece que nunca fue a la escuela y todo el conocimiento que adquirió fue producto de su vida cotidiana. A pesar de ello logró vivir en condiciones decorosas, quizás porque contó con el apoyo incondicional de quien fue su esposa y sus hijos. Era el clásico hombre macho que no reconocía ninguna autoridad y ejercía un control férreo sobre su cónyuge y descendientes. Si vieron la película "Una familia de tantas", personificada por Fernando Soler se darán una idea de lo que habló. Los años definitivamente lo cambiaron y al final se volvió más flexible, aunque pretendía seguir manteniendo su autoridad. El sábado fue el día en que todos sus descendientes nos dimos cita para acompañarlo en el último paseo que habría de dar por esta Ciudad. No hubo mayores lamentos y depositamos su cuerpo junto con otros que le precedieron. El misterio de la muerte y su inminencia sacudió nuevamente nuestras conciencias y nos indicó que algún día cada uno de los allí reunidos habríamos de ser los protagonistas de esa ceremonia. Ante tal realidad la única conclusión posible es la de gozar intensamente del tiempo que nos corresponda disfrutar procurando en todo momento ser felices y no hacerle la vida miserable a los que nos rodean (ese al menos es mi propósito) Ha terminado otra vida que tendrá trascendencia infinita a través de los que sobrevivimos y del recuerdo que le habremos de brindar cada 2 de noviembre. La muerte, indiscutiblemente, es un tema interminable y que despierta gran controversia. Hasta luego, abuelo.

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