domingo, 28 de marzo de 2010

METRÓPOLIS

Este film de Frintz Lang de 1926 me pareció muy ilustrativo y más que nada, completamente actual. La temática, aunque gira en torno a cuestiones eminentemente laborales, se puede enmarcar en cualquier campo de la vida. Las relaciones entre patrones y obreros no ha cambiado absolutamente nada. La posición de los dueños del dinero y detentadores del poder se ha utilizado y utiliza en detrimento de los intereses y deseos de los menos afortunados, sea por cuestiones económicas ó posición política. También los motivos que guían a estos últimos son completamente ajenos a los primeros. Esta circunstancia la vimos claramente reflejada en el ejemplo que María da a sus oyentes sobre la construcción de la Torre de Babel, en donde se expone de manera sencilla que existen dos polos representado uno por los líderes (la mente) y el otro por los trabajadores (las manos) y la única manera de que ambos se entiendan es a través del corazón (creo los sentimientos). En esta película se ve claramente reflejada la ceguera que tienen los superiores acerca de aquellos menos favorecidos, a quienes consideran conformes con su situación, incapaces de protestar por su status quo, en el cual seguramente no tienen mucho que pensar dada su enajenación (lo que me resulta muy familiar) y en el cual sólo recapacitan cuando un personaje que en el film es encarnado por María los hace conscientes del mismo. Así, de manera paralela, surge el deseo de sofocar tal chispa mediante métodos que al final resultaron contraproducentes para todos los involucrados, aunque con un final feliz (el amor del hijo del dueño) y el reconocimiento de los derechos de los obreros. A pesar de que la cinta me pareció excelente no me agradó el uso de la mujer como ángel, demonio y objeto sexual (aunque se trataba de un robot, cuando baila ante los ricos). Tampoco me parece muy inteligente eso de crear robots infatigables y sin quejas (sueño de todos los empleadores y políticos) porque estimo que si no hubiera trabajadores que cobren un salario, quien habría de adquirir los productos que se generaran en las fábricas.

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