viernes, 19 de marzo de 2010
INSEGURIDAD
Todos los días, ya sea en la radio o en la prensa, tenemos conocimiento de nuevas ejecuciones, que en la mayoría de los casos, así nos lo informan, están relacionadas en esta cruenta lucha entre o contra el narco en nuestro país. Por cotidiana, se ha vuelto, tristemente, parte normal de nuestra existencia. Nos afecta porque nos pone alertas ante una realidad que nos amenaza e intranquiliza. Nos obstante ello, de alguna manera no es ajena. Sin embargo, no nos es ajena la inseguridad cuando tenemos noticia directa de que algún compañero de trabajo, familiar o amigo ha sido víctima de la delincuencia y entonces como un chispazo nos damos cuenta que algo, ahora si está fallando y se convierte no en un temor sino en una amenaza real. Lo anterior lo digo porque en esta semana una chica, con lágrimas atoradas en sus ojos, que trabaja conmigo, me contó como unos malandrines se subieron a la combi que habitualmente aborda para trasladarse a la oficina y como uno de ellos (mujer) le puso la pistola en la frente y a gritos, ordenó a todos la entrega inmediata de dinero y objetos de valor. Ella, naturalmente dió todo lo que tenía despojándola incluso del sueter que llevaba puesto y con la idea de la delicuente, según me indicó, de quitarle su vestido, lo cual afortunadamente no se concretó. Lo que si recibió a cambio fue una retahíla de insultos y vejaciones. Después de esta angustiosa experiencia y con toda la rabia e impotencia que seguramente sintió pretende continuar su vida, la que definitivamente no volverá a ser igual. Primero, porque nunca va a olvidar que tal vez ese hubiera sido su último momento con vida y segundo, porque el temor la acompañará durante un largo periodo. Hubo un tiempo, tal vez tengan noticia de ello, en el que era común escuchar estas historias. Espero, por el bien de todos nosotros, que haya sido un caso aislado y no volvamos a habitar esta Ciudad con miedo.
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