lunes, 8 de marzo de 2010

DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Nunca he estado de acuerdo con el hecho de dedicar algún día específico para analizar, rectificar, apreciar o reconocer que aún nos faltan muchas cosas por hacer respecto algún tema o género específico, trátese éste del día del libro, del árbol, de las madres, del niño, del abuelo, etc. Contrario a ello, creo que todos los días deberíamos dedicarlos para reconocer la valía, esfuerzo y aportaciones que nos dan los seres con los que convivimos, así como las fallas que se tienen para tratar de remediarlas en la medida de lo posible. A pesar de ello y considerando el bombardeo de información que en torno a la mujer se ha realizado en días pasados y concretamente hoy, 8 de marzo, por ser el día que se nos ha asignado a nivel internacional me permito pensar en nuestro rol en la vida actual. Como modelos de sistema de vida tengo, principalmente, los de mi abuela materna y mi madre. De los dos, indiscutiblemente, dada la época histórica en la que le tocó vivir el que me resulta más interesante y motivo de cuestionamiento es el de mi abuela (esposa de mi abuelo de 107 años). Recuerdo a esta mujer (que tuvo quince hijos) siempre trabajando, sin expresar ninguna emoción ni queja respecto a su situación. Más bien creo que, a pesar de todas las dificultades que debía pasar, era feliz. Siempre tenía en mente un proyecto y lo realizaba, de manera animosa, junto con todas y todos sus hijos. Creo que su única finalidad en la vida era trabajar por el bien de todas las personas que estaban a su alrededor sin esperar recibir nada a cambio. Por parte de mi madre, el panorama cambió, ya que ella si tuvo acceso a la educación (hasta carrera comercial), lo que le permitió salir de la casa y trabajar, lo que indiscutiblemente amplió su visión en torno al papel de la mujer. Una vez casada continuó trabajando fuera. Así, tuvo que desempeñar doble jornada. De los dos modelos me consideró más identificada con el de mi madre, aunque la parte doméstica no la asimilé totalmente. Soy rebelde respecto a las labores hogareñas, que resultan (porque las he realizado) agotadoras e interminables. Sin embargo, debo decir que el trabajo que actualmente desempeño, por el que recibo una contraprestación, también es en extremo demandante y agotador. Lo anterior, me lleva a reflexionar si la llamada liberación femenina no ha resultado ser más esclavizante que aquello de lo que nuestras antecesoras se quisieron deshacer. Mi jornada laboral, cuando no asisto a clases, es de 9:00 am a 9:00 ó 10:00 pm. Por lo que el tiempo que me queda libre lo utilizó para transportarme a casa y dormir. Este sistema de vida lo comporto con mis compañeros, de los cuales sólo dos son hombres. Ante este panorama y la exigencia constante por alcanzar mayores grados académicos y posiciones laborales hemos dejado de lado los pequeños placeres de la vida (yo lo considero así en mi vida personal) por continuar una carrera que me parece interminable y de la que estamos constantemente agotadas. No sé, porque no me tocó vivir otra época, pero creo que, de alguna manera, hemos caído en el exceso de lograr trascendencia a costa de nosotras mismas. No sé que tan conveniente es y si ello ha resultado en mejora de la vida, primero de nuestras familias y luego de la sociedad en general. Es un tema que constantemente discutimos las mujeres que compartimos el espacio laboral, para concluir que no es lo más sano y sin embargo, continuamos este círculo vicioso. ¿Qué nos motiva? ¿Porqué aceptamos este estilo de vida? ¿Hacía donde nos dirigimos? ¿Nuestra conducta ha modificado el rol masculino, para bien o para mal? ¿Qué piensan nuestros compañeros? Son muchas interrogantes y las respuestas no parecen muy convincentes. ¿Qué piensan ustedes?

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